martes, 4 de octubre de 2016

LECCION DE VIDA EN TRES FOTOS

Hoy publicaron un álbum en la página del tri de Cíes, y en él se incluían varias fotos de mi hijo David (también una de Sara). Las fotos son buenas técnicamente, muy buenas diría yo, pero tras la emoción de ver a mi peque metido en este deporte que tantas lecciones y alegrías me ha dado, me ha dado por pensar (qué raro en mí) y realmente creo que con solo tres imágenes se puede sacar una lección magistral de cómo vivir la vida, y de cómo afrontar un reto.
Os pongo a continuación las fotos y la interpretación que yo les doy.
 
FOTO 1. TENGO MIEDO.
 

Tengo miedo y mucho. Para mi hijo, nadar 100m. en el mar era un desafío enorme. Algo que le asusta, que desconoce, que es nuevo.

Hace unos meses, cuando empezó a nadar con el multideportes Oviedo, apenas completaba dos largos continuos, luego mejoró, es cierto. Mejoró en piscina y su experiencia en el mar se limitaba a "llegar hasta la boya" cuando este verano en la playa yo le animaba a ello.

En la arena su nivel de tensión era máximo. En la imagen casi se puede leer su pensamiento, sus dudas, su inseguridad, su pánico.

¿Cuántas veces hemos sentido esto frente a un reto? ¿cuántas hemos dudado de nuestra capacidad para "poder con"?, ¿cuántas nos hemos sentido vulnerables?.

No es fácil dominar ese sentimiento. Es muy complicado controlar el instinto de huida, el de esconderse, el de abandonar incluso antes de testar si podemos.

El lo hizo, se comió las uñas, aguantó las lágrimas y se mantuvo firme hasta que sonó la bocina.

FOTO 2. A POR ELLO.


A por ello, y sin dudas. Suena la bocina y se acaban las dudas. Puede que no seamos buen nadador, pero hemos venido a nadar, puede que los demás sean más grandes y me pasen por encima, pero si lo hacen es porque vienen detrás.

Es increíble como vence todos sus miedos, como se lanza el primero hacia el agua sin pensar en lo que pueda pasar. Toda la desconfianza se torna en valentía, todos los miedos en decisión, toda la angustia en energía positiva.

Tal vez sea lo más difícil de aplicar a la vida. Aún habiendo asumido nuestros desafíos o retos, nos cuesta el dejar atrás las dudas. Avanzamos pero con los ojos vigilando el entorno, adelante, atrás, arriba y abajo. David mira solo hacia adelante y no vigila, mira!.

Tal vez es la fuerza de la inconsciencia, o tal vez una energía que perdemos al crecer, pero es algo a envidiar. Creo que solo olvidándonos de muchos prejuicios, condicionantes e influencias negativas, podemos llegar a desarrollar todo nuestro potencial, y deberíamos aprender a hacerlo.

FOTO 3. EL PREMIO.


El premio en este caso no es ganar. El premio en este caso es una medalla, y una lección. Una lección de humildad, de sencillez, de campeón.

Ser un campeón, no es lo mismo que ser un ganador. Se puede ser ganador de muchas formas, se puede triunfar de muchas formas, pero para ser un campeón, al menos desde mi punto de vista, se necesita algo más. Se necesita la clase, el talento, la constancia y la ambición necesaria para ganar, pero además de eso, se necesita la deportividad, la humildad, la sencillez, la cercanía...la humanidad.

No se si mi hijo llegará a ser un campeón en la vida, pero sin duda, ha tenido la oportunidad de ver a uno muy grande de cerca, y eso es un gran premio y una gran lección.

Muchos de nosotros nunca seremos ganadores subiendo a un podium (real o figurado), pero si podemos ser campeones. A muchos niveles, de muchas maneras, en muchos ámbitos, pero si somos deportivos, humildes, sencillos, cercanos y humanos, llegaremos a sentirnos campeones.

Fotos de Fernando Torea Conde.


 




martes, 27 de septiembre de 2016

DESAFIO ISLAS CIES. MUCHO MAS QUE UN TRIATLON.

De Vigo nos trajimos un montón de trofeos. David y Sara las medallas de finishers que el propio Javier Gómez Noya les colgó del cuello tras acabar sus respectivos aquatlones. Leti, el trofeo como tercera de su categoría en la carrera de 7Km y yo, con mi medalla de finisher del Triatlón media distancia del Desafío Islas Cíes.
De Vigo nos trajimos un montón de premios. La compañía y complicidad de Javi y su familia, gente con la que en muy poco tiempo alcanzas esa confianza que te proporciona una especie de comodidad que solo puedes calificar como placentera. La experiencia, trasladable a los niños, de ver a un mega crack como Gómez Noya, atendernos con una sencillez y humildad dignas de elogio y, cómo no, la posibilidad de disfrutar de DEPORTE en familia, viviendo todos los retos de todos, y celebrando todos los logros de todos.
Hecha esta inevitable reflexión, no sé si afrontar esta entrada como una crónica al uso, o centrarme en lo que significó a nivel personal, la superación de esta prueba. Pienso que puedo combinar ambas cosas, aunque sin duda saldrá rara, porque asociar una carrera a un futuro (ya presente) no es fácil, con lo que es posible que al final de estas líneas, ni siquiera yo entienda lo que escribí, pero…lo vamos a intentar.
Los previos del tri de Cíes no han sido fáciles. Esta prueba no entraba en mis planes, y solo me inscribí tras el abandono de Vitoria. Lo hice para evitar una desconexión excesiva, para mantenerme fiel a este deporte que me gusta y que me ayuda a, sin más, vivir.
Un pequeño descanso de entrenos, y arranco un plan de entreno “autodidacta” de ocho semanas. En esas ocho semanas, las dos de vacaciones. Consigo cumplir, con pequeñas adaptaciones, con el plan, y llego a Cíes con sensaciones de fortaleza física y una presión emocional muy intensa. Aún sabiendo que esto no es más que un juego, en Cíes proyecté mi vida futura y en Cíes puse en indicador de “si o no” a una futura conciliación.
Si bien durante esas semanas previas, ya hubo mucho cambio y adaptación, para coordinar los entrenos con mis nuevas responsabilidades laborales, los días previos a la competición, rizaron el rizo. El Martes y Jueves tuve sendos viajes a Barcelona y Madrid, horarios infinitos y cansancio acumulado y, con eso, el viernes de tarde las cuatro horas de viaje a Vigo para competir a las 8:30 del Sábado.
Como digo, no es más que un juego pero, ¿podría jugar?. La posibilidad de un nuevo abandono me aterraba, ya que de ser así, pienso que no me quedaría otra que rebajar mis ambiciones deportivas y, dejar de soñar en grande.
Con todo esto de fiesta en mi cabeza, nos plantamos en Vigo para disfrutar de un fin de semana completo con amigos y deporte. Como llegamos tarde, nos vamos directamente a recoger los dorsales y dejar la bici en boxes. Se puede hacer al día siguiente, pero nos será mucho más cómodo así. Con el tiempo justo, pero sin agobios, cubrimos el trámite y nos vamos para el hotel dejando a “la niña” bien tapada y en su sitio hasta el día siguiente.
La cena, aunque cansados, fue un auténtico placer. Cuando conoces bien a una persona, no hay muchas opciones a la sorpresa al conocer a su familia. Javi no es una excepción. Al igual que él, su familia es sencilla, abierta y natural. En muchas ocasiones hemos comentado nuestra parecida forma de ver el deporte (salvando las evidentes distancias de nivel) y creo que esa visión se extiende más allá de ese deporte, y pasa directamente al estilo de vida.
Decidido a testar si puedo disfrutar de este deporte viviendo la que es mi vida, ceno una pizza con una maravillosa jarra de cerveza (allí al cañón de toda la vida lo llaman “bock”) y disfruto un montón de una relajada charla.
De ahí a registrarse al hotel y, algo más tarde de lo debido, a intentar dormir. No lo hago mal a pesar del catarro y del ruido de la calle. Cuando uno está agotado, se duerme.
Casi una hora antes de lo previsto me despierto y disfruto un poco de un tenso descanso antes de, a las seis, ponerme en marcha.
He quedado a las 6:15 con Javi en el vestíbulo donde, en un detallazo del hotel , nos han preparado un desayuno de lujo con todo lo que podemos necesitar (pan, embutido, queso, fruta, zumo, café…) y aunque con un poco de retraso, enseguida baja Javi. Juntos nos ayudamos a calmar los nervios (que alguno hay) y comentamos todos los tópicos de estos momentos, que si no hay ganas, que si que hago yo aquí, que si por un pelo ni salgo…en fin, historias que se repiten y que cuando compartes ayudan a que uno mismo esté más tranquilo.
A nivel personal estoy muy enchufado. Hay nervios, pero hay ganas. Siempre dije que esto no era una venganza pero, a quién voy a engañar?, este año iba para ironman y fallé. No puedo permitirme algo igual. No sé cómo responderá un cuerpo un tanto castigado, pero no tengo dudas de que hoy la cabeza no falla.
Vamos a la salida en el coche de Javi. Llegamos aún de noche y, mochilas en ristre, entramos en el box al ritual de dejarlo todo listo. A mi lado un nervioso debutante me ayuda a calmarme, ya que me pregunta varias cosas a las que encantado contesto. No hay nada mejor que ver a alguien nervioso a tu lado para tranquilizarte. Con el trámite cumplido, nos acercamos a la playa.
En ese momento la vista es mágica. Están colocando una línea continua de boyas pequeñitas ¡¡con luz!! que delimitan por completo el triángulo de 950m al que daremos dos vueltas. La verdad es que es una imagen espectacular, tanto, que me da pena pensar que cuando salgamos a las 8:30 ya será de día y no lo disfrutaremos así.
De manera muy rápida, el tiempo pasa y pronto nos encontramos en la playa ya enfundados en el neopreno. Las salidas son escalonadas por grupos de edad y, como ya “pa mayores que vamos”, salimos en la última tanda.
Momento muy emotivo para mí. Miro al mar y pienso que ahí lo tengo, el reto, el desafío, la oportunidad de demostrarme a mí mismo que sigo pudiendo, que es más difícil pero que estoy hecho para retos difíciles. Podré con éste y con más.
Nudo en la garganta que, en la confianza que me da Javi, no sujeto y dejo salir. Un rápido abrazo y una larga inspiración y todo en orden para dirigirnos al “cajón” de salida.
La música de Piratas del Caribe pone banda sonora a cada salida, aportando si cabe aún más emoción. Javi y yo nos deseamos suerte por última vez y, con el sonido de la bocina, nos vamos corriendo al mar.
No somos muchos en este grupo con lo que la natación es tranquila. Algún que otro toque pero sin problema. Mi arranque es espectacular, voy como un obús y me noto cómodo. Tanto es así que al llegar a la primera boya, echo un vistazo y no veo más de cinco gorros por delante. Recuerdo perfectamente el pensamiento de ¿cómo ye oh???...ja,ja,ja…a ver si yo voy por el lado equivocado!!!. La verdad es que hasta ahí iba en fuera borda y encontrándome genial. Sigo apretando y avanzando.
Salida a playa, vistazo atrás para ver que en el agua quedan muchos gorros y de nuevo a la lucha. En esta segunda vuelta aflojo un pelín, pero mantengo un muy buen ritmo y salgo del agua con unas sensaciones estupendas.
No lo había dicho antes, creo, pero por primera vez desde que compito, había tomado la simbólica decisión de no usar el reloj en toda la competición. Sé que no me resultará fácil, pero es una más de las metáforas de este triatlón. Llegada la hora de la verdad el reloj debe quedar de lado y hay que disfrutar tanto del trabajo bien hecho, aunque en ocasiones sea un Domingo a las ocho de la tarde, como de un triatlón sin importar si los ritmos son los esperados o no. La verdad es que fue un éxito rotundo y, aunque en carrera muchas veces me acordé de el reloj o del cuenta en la bici, al final disfruté como quería.
La transición es larga, mucho, y en ella bromeo con un compañero diciéndole si han cambiado el orden y nos toca ahora la media maratón. Llegando a mi bici, veo que Javi está justo detrás de mí…¡¡que bestia!!. Se que he nadado fuerte (los datos lo confirmaron ya que marqué el parcial 84 de 226 finishers en el agua) y me alegra ver que Javi lo ha hecho de lujo en la única disciplina donde pueden quedarle dudas de su nivelazo. Mientras me calzo pasa a mi lado y nos animamos.
En el trote por la playa he podido saludar a los niños y justo en la salida del box los vuelvo a ver junto a Leti. Les digo que voy muy bien y, con una gran sonrisa, me subo en la bici a por los 88 kilómetros.
La salida es una fuerte rampa que me obliga a meter el plato pequeño y que me provoca un cierto nerviosismo, se suponía que esto era llano y si hay que hacer esta subidita cuatro veces… Por suerte, esta rampa quedaba fuera de las vueltas y solo la haría de nuevo en la bajada de regreso al box.
La bici es bastante llana y no se quita el plato grande en ningún momento. Ruedo acoplado más del 80% y en ocasiones, si no lo hago, es solo para proteger un poco la espalda. Al poco de pasar el primer avituallamiento (km 11 más menos), ya me pasa Javi, con el que luego me iría saludando y animando en cada uno de los cruces. A pesar de que cada cruce es un poco antes, me motiva ver que estoy en muy buen ritmo y constantemente me repito “vas muy bien, éste es tu ritmo fino y así aguantarás y disfrutarás”.
Cambio de posición varias veces con una chica a la que animo y me anima y, poco a poco, van cayendo las vueltas y los kilómetros. El recorrido es muy bonito en algunos tramos, con preciosas vistas sobre unas Cíes que la niebla envuelve, dando una magia especial a ese entorno ya mágico de por sí.
Durante el recorrido, tomo el par de geles según lo previsto, bebo bastante agua y como un par de trozos de plátano que unos animosos voluntarios nos dan en el punto de avituallamiento. Mención especial los críos de los avituallamientos que no paraban de bromear y de animarnos, así como una chica en mitad del recorrido que tampoco paró ni un minuto. Por supuesto, para ésta (y también para los del avituallamiento) tuve palabras de agradecimiento en la última vuelta.
Y ya estamos afrontando los últimos 10Km. Se que voy a llegar, se que lo voy a hacer muy entero y, aunque no tengo ni idea de mi media, tengo la sensación de que voy bien. En este último tramo no solo he adelantado al último clasificado, si no que me cruzo con mucha gente a la que le saco tiempo. No me importa mi puesto si disfruto, pero cuando te notas bien y eres consciente de que vas bien…disfrutas más!!.
Al llegar a la transición, allí está Leti gritándome como una loca. ¡¡Qué mujer!! Tranquila chica, que ya sé que voy bien y haremos lo que se pueda!!. Se lo digo y mientras corro al box, David corre a mi lado preguntándome que tal voy, le digo que bien y que me lo estoy pasando en grande.
Hago una transición rápida y salgo a correr. Durante gran parte de la bici, mi cabeza ha estado machacando la idea de que estoy (o estaba hace muy poco) preparado para hacer el doble de esta distancia, con lo que la fuerza mental y la seguridad de hacerlo bien son muy grandes. El arranque de vuelta es en subida, pero la verdad es que tengo una sensación de ligereza tremenda y, marcando un ritmo muy controlado, me dejo ir.
Dejo que mi cabeza se libere de presión y, sin intención, me encuentro pensando que la carrera será a cinco vueltas en vez de a tres. Empiezo a pensar que cuando ya esté volviendo para acabar, e llevaré una sorpresa si en realidad cuento con que me quedan dos vueltas. Es obvio que el engaño no funciona (je,je) pero me entretengo un buen rato y casi sin darme cuenta alcanzo el punto de giro y el avituallamiento. No me paro, bebo un poco de agua y sigo a lo mío.
Buen trabajo de voluntarios y público. Esto no es Zarautz, pero tampoco corres nunca solo y más o menos animosos, siempre tienes alguien a tu alrededor. Completo la primera vuelta muy fácil y se lo digo a Leti (en respuesta a su cara de asombro y su comentario ¡¡vas como una moto!!). Es verdad que hasta ahora no he sufrido nada y estoy justo cómo quería estar.
Segunda vuelta, esa que suele ser la clave. En la tercera ya uno tira de ganas de acabar y de “efecto meta”, pero si pinchas antes del ecuador las cosas se pueden poner feas. Mientras bajo la rampa dura (el circuito es de ida y vuelta), veo como Javi la empieza a subir y alucino con el ritmo que lleva…absolutamente bestial!!. Chocamos la mano, nos animamos…y automáticamente pienso que me va a doblar en esa misma vuelta.
No me importaría en absoluto, incluso pienso que sería bonito correr un poco juntos, aunque también hago el cálculo mental…..y decido que no podría aguantarle ni 100m!.
En esa vuelta sigo cómodo. Si el ritmo baja es porque en el avituallamiento me paro a tomar el último gel, a beber bastante agua y a refrescarme con ella. No hace mucho calor, pero para que yo lo note no hacen falta treinta grados.
Vuelvo a subir la rampa  vuelvo al giro. Ya veo que Javi no me va a doblar. Leti y los niños están a mi izquierda unos 50 metros pasado el avituallamiento que se encuentra en el carril contrario. Yo debo hacer unos 200 metros, girar y volver por ese lado. Le digo a los niños que vayan al final del avituallamiento y me esperen allí que “quiero hablar con vosotros”.
La verdad es que no es algo que trajera previsto, ni que tan siquiera pensara hace tiempo, es algo que me sale sobre la marcha al verlos allí. Para mí, este triatlón es algo más que una prueba deportiva y en ese momento lo quiero transmitir a mis hijos (serán cosas de la edad).
Cojo una botella de agua y dos trozos de naranja y me acerco a ellos caminando. Me sorprende cuando David me dice “¿te vas a rendir?”. Me descoloca, porque no usa un “abandonas” o “lo dejas” o “no puedes más”. Dice “¿te vas a RENDIR?”.
Le digo un nooooo muy grande. Les digo que estoy cansado pero que vamos a hacer un trato. Yo hago la vuelta sin pararme y ellos se portarán bien. No sé muy bien por qué hago esta tontería. Nunca me había parado a “charlar” en carrera, pero me apetecía y lo disfruto. Ni siquiera se si aceptan el trato o no, les doy un abrazo, un beso a Leti y arranco a por la última vuelta. ¡¡Voy a acabar!!.
No llevo mucho recorrido, cuando identifico al volador de Javi. Me pego a mi derecha y levanto la mano para que me vea. Le pego un grito de ánimo (estoy seguro de que está en sus tiempos soñados, y además va fresco) y con su “campeón!, vas fenomenal!!” sigo corriendo.
En el paso por el avituallamiento, falto en parte a mi promesa porque me paro un poco. Lo hago no obligado por el cansancio, sino para agradecer uno por uno a todos los voluntarios sus ánimos y ayuda. Veo sus caras de agradecimiento y satisfacción por mis palabras y eso me llena.
Los últimos kilómetros los hago con el mismo ritmo. Sé que puedo apretar, pero me gusta este ritmo, me gusta la relativa comodidad que me aporta, y me gusta la sensación de constancia. Solo lo altero cuando, al final de la rampa, adelanto a un chaval que va caminando y que al animarle, se une a mí. El tío empieza a tirar y yo con él. De hecho, vamos hablando y creo que en un momento que yo ya jadeo un poco, el afloja (gracias hombre!!) y así cubrimos los últimos metros.
Veo a los míos, y a Javi que está con ellos, a mi derecha y con una felicidad intensa, lo celebro y cruzo la meta.
Lo he logrado, he disfrutado entrenando sin presión, he disfrutado de cada cerveza, he disfrutado (aunque esto ha costado) viendo cómo la báscula no atendía a mis súplicas, he asumido que mi trabajo marcará mis horarios y que, a pesar de eso, se puede seguir soñando.
No puedo negar que me he quitado un peso de encima y que me he reforzado mucho a nivel mental con esto. Sigo pensando que un ironman es una locura y que el camino que en breve iniciaré (una vez más) tal vez solo sea apto para locos, pero ¿Cuándo se puede ser tan feliz…importa tanto la cordura?
 
Casi seguro que mi "legión de locos" seguirán junto a mi en nuestro camino.
 



domingo, 18 de septiembre de 2016

VAMOS A SOÑAR EN GRANDE

Tras no pocas vueltas en mi cabeza, e intencionadamente antes de cerrar la temporada en Vigo el próximo sábado, he decidido que en 2017 voy a poner un 226 en mi calendario.
 
No es nada fácil, y será un camino sin duda complicado en el que habrá muchos días en los que me arrepienta de la decisión que he tomado. Quizás sean demasiados los momentos en los que sienta que no puedo con ello, que las horas no salgan, que no pueda, que no quiera, que...no!.
 
No entro ahora en plannings, en gestión del tiempo, en volúmenes, en pasos intermedios, en ritmos, en objetivos. Ahora, solo una decisión se me planteaba ¿sueño en grande y me dejo llevar, o sueño en realista y "me conformo"?.
 
Aunque ya he desvelado el final de la deliberación, no engañaría a nadie si digo que ha sido fácil. No lo ha sido, para nada. La conclusión a la que he llegado, es que debemos poner chispa a nuestra vida, debemos perseguir los sueños, debemos soñar en grande.
 
La parte cerebral me decía que no necesito para nada un ironman en mi vida en el corto plazo. El tatuaje de mi gemelo me recuerda cada día que ya tengo ese trofeo en mi mochila, que ya disfruté de la sensación de derribar muros muy muy altos. Después de eso, con Alped´Huez volví a tocar "mi cielo triatlético particular".
 
La parte visceral, esa que parece no atender a razones, se centra en la espina que el 10 de Julio yo mismo me clavé. Esa parte, la muy perra, se olvida de todo lo que he logrado esta temporada (mejor tiempo en 10Km y MM, Maratón "cómodo" en 3:50 con mi gran aliada en esto del vivir, finisher del triatlón de Zarautz con nota...) y me golpea una y otra vez con el "fracaso" que supuso no terminar el ironman de Vitoria.
 
A pesar de saber que si hubiese acabado, este año seguro que no me planteaba un IM, y entender que tal vez eso no sea motivo suficiente para ponerme de nuevo en este durísimo camino, no me queda otra.
 
Cuando en 2012 abandoné en mi primera participación en Ondarroa, lo hice sabiendo que volvería y que "ganaría" donde en aquel momento me rendía.
 
En Vitoria, no fue así. Abandoné sin pensar, sin meditar, sin razonar y esa sensación de haber sido derrotado por mi propia cabeza no me gusta. Necesito vencerme de nuevo en un reto que, tras lo vivido, se que me va a resultar tremendamente duro.
 
No se trata de una venganza, no se trata de resarcirme. Realmente, quiero volver a sentir el reto del IM como en 2014, como un sueño casi inalcanzable, como algo que me ilusione, y en eso tendré que trabajar mucho ya que, siendo sincero, Vitoria no me ilusionó como debía.
 
El único motivo que pone "peros" a mi decisión es el trabajo. La enorme dedicación que me supone y supondrá, va a complicar mi (nuestra) agenda, pero me conozco. Se que si renuncio a soñar en grande, me costará sobrellevar los seguros días en los que renegaré del trabajo. En esos días malos, no quiero permitir que en mi cabeza entre el pensamiento de "y por esto has renunciado a soñar???".
 
Toda esta reflexión la hago antes de Cíes con toda la intención del mundo. He preparado Cíes en los horarios que podría tener de referencia para 2017, lo he hecho con altibajos, con constancia pero también con flexibilidad. Es cierto que estoy con unos kilinos de más (bendito verano) y en el final de una temporada muy muy intensa, pero si espero a tomar la decisión, y en Cíes no disfruto como quiero, me condicionaría demasiado incluso antes de empezar a trabajar.
 
Es innegable que si Cíes sale como esperamos (voy sin relojes, a disfrutar!) va a ser un importante golpe de moral, pero si no es así, tendremos que hacer balance de la temporada en global, que sin duda es positivo, y partir de cero para la próxima.
 
Resumiendo, la vida es muy corta para dudar de hacia donde la queremos orientar. Hay sueños que nos quedan lejos o que ni siquiera nos dejan acercarnos a ellos, pero éste es para mí!. Es un sueño complicado, es un sueño difícil, es un sueño duro, pero es un sueño grande, muy grande...y quiero seguir soñando en grande!.
 
 
Soñar, conciliar, soñar, conciliar...... :-)
 

jueves, 8 de septiembre de 2016

REFLEXIONES EN VOZ BAJA

Aunque ha pasado el día entero de hoy antes de que pudiera ponerme a escribir esto, la verdad es que la base se gestó ayer ,cuando a eso de las 8 de la tarde salía de trabajar, y me iba a tomar una merecida cerveza.
 
Habían pasado tres días muestra de lo que puede ser mi futuro inmediato, y me habían dejado reventado. Puedo decir que el cambio de trabajo se ha consolidado y que en esos tres días me he tenido que poner cerca de mi límite, para ir sacando los numerosos temas que ahora dependen de mí.
A eso, le unimos los tres entrenamientos por el libro, y en el hueco que ahora he podido hacerme al mediodía. Cierto es que lo del calor de estos días no ha sido normal, pero saqué la carrera el lunes, la bici el martes y la pisci el miércoles.
 
Tres días de intensidad muy elevada que, como digo, me dejaban muy cansado, pero sin duda muy feliz.
 
¿Cuál es la reflexión? ¿Por qué en voz baja?. Porque creo que siendo realista, el ironman no puede ser un objetivo para 2017. Siendo estos días "perfectos", no saco más de 10 horas semanales ni haciendo encaje de bolillos, y eso sin contar que estos días he dispuesto de los mediodías sin previsibles reuniones ni, lo que sería peor, viajes.
 
Lo digo en voz baja, porque algo en mí no me deja renunciar tan pronto a ello. La lógica me dice que no puedo, pero el corazón me lo pide...me lo pide y mucho.
 
Podría hacer un gran año con, por ejemplo Zarautz y acompañando a Bau en su Half en As Pontes. Podría hacer varios olímpicos pero, ¡¡necesito hacer un ironman!!. Curioso lo de que "necesito" cuando se que objetivamente no es así para nada, pero estoy en ese punto jodido en el que la objetividad está muy lejos.
 
Tal vez me reoriente a "entrenar sin más" pero me parece algo complicado. Creo que lo mejor será pasar Cíes (y disfrutarlo) y, tras la Behobia, evaluar en serio las opciones de disponibilidad para entrenar.
 
Un ironman es una salvajada, no puedo pretender ir a uno sin preparar. No quiero ir corto de nada y eso no es fácil.
 
En fin, reflexiones hechas, conclusiones ausentes. No pretendo ahora decidir, solo "elucubrar" y ya que tengo esta herramienta, pues un 8 de Septiembre dejo escrito lo que pienso...veremos en que acaba.
 
NO SERAN SUEÑOS LO QUE ME FALTE


miércoles, 17 de agosto de 2016

CARTA ABIERTA AL MUNDO.


Querido mundo: Hoy hace 44 años que decidiste ponerme sobre ti para ese proyecto que llaman vida. Te portaste muy bien conmigo desde el principio, me colocaste en una familia donde los valores del respeto, el amor y la unidad dominaron siempre de una manera aplastante.

Me regalaste unos padres que aún disfruto y de los que uno no puede sentirse más orgulloso. Me regalaste tres hermanos que, llegando antes que yo, me fueron desbrozando un camino que, aunque no es fácil para nadie, para mí no fue nunca oscuro o peligroso.

La vida no es perfecta, creo que la de nadie lo es, pero la mía ha sido muy cercana a esa perfección. Y lo ha sido porque la he podido vivir.

De cada discusión con mis padres he aprendido, de cada pelea con mis hermanos también lo he hecho y así, nunca solo, he ido creciendo y compartiendo contigo todos estos años.

Has puesto en mi vida muchos retos, me has dejado crecer como un niño de los de antes, de los que lloraba de frustración cuando perdía en los juegos, de los que recibió tantas burlas como hizo, y de los que en ocasiones sangraba y otras hacía sangrar. He tenido envidia, me he sentido superior, he sufrido por creerme incomprendido y he disfrutado pensando que el mundo giraba en torno a mí. He sido niño!!.

Me has dejado aprovechar todo lo aprendido para intentar ser un adulto bueno, una persona que no quiere dejar de crecer y alguien que busca ser mejor cada día. Me has dado la memoria suficiente para no olvidarme de mi niñez, para tener muy presente de donde vengo y para que en cada uno de mis días, intente aplicar todas las cosas buenas que he visto y vivido.

Pusiste en mi vida a mi mujer cuando aún era un proyecto de persona, y lo hiciste con alguien que ha acabado de moldearme de una manera que me gusta. Juntos hemos pasado de yo a nosotros, y luego vinieron ellos haciendo ese nosotros aún más grande.

No sé cuantas velas me quedan por apagar, nadie lo sabe, pero si se que cada día que paso contigo es un regalo que no debo dejar de aprovechar. Me has enseñado todos estos años que aunque me empeñe, habrá días en los que no te disfrute como te mereces, que me queje de cómo te portas conmigo. Es condición humana hacerlo y no lucharé sin sentido con esas emociones, las aceptaré y las dejaré pasar con rapidez.

Querido mundo, gracias por dejarme estar contigo tanto tiempo y gracias por darme tantas cosas buenas. Espero que mi paso por ti te sirva también a ti para mejorar y, el día que me vaya, pienses que ha merecido la pena haberme puesto aquí.
 
Aquí seguimos amigo....compartiendo vida.
 

viernes, 12 de agosto de 2016

TENIA QUE ESCRIBIRLA. VITORIA 2016.

Sin duda para escribir esta crónica, he necesitado más tiempo del normal. Aparte de que realmente mi tiempo libre es casi nulo, necesitaba dejar pasar unos cuantos días para tratar de escribir lo que realmente quiero escribir.
 
Es la primera vez que tengo que escribir sin "la gloria" de haber conseguido el objetivo que de mano me había marcado. Hasta ahora, los grandes retos que han ido llenando las páginas de este blog, se habían cerrado con rotundos éxitos y, en casi todos ellos, había superado mis mejores expectativas.
 
De todos modos, no puedo dramatizar en absoluto. No puedo hacerlo ya no solo porque al final, la importancia de una meta es la que es, sino porque siendo sincero conmigo mismo, la preparación mental que llevaba no era suficiente para llevarme a sufrir lo que cualquier finisher de Vitoria 2016, tuvo que sufrir.
 
El sábado previo al ironman, el calor que tuvimos que soportar durante la interminable logística que supone un tri con las transiciones separadas (por muchos kilómetros) hizo que mi cabeza empezara ya a pedir socorro antes incluso de acercarme a la salida. Yo era consciente de que no era la mejor manera de afrontar una barbaridad como ésa, pero no podía evitar el relativizarlo todo.

Así y todo, el sábado no fue un mal día. Estuvimos la "grupeta asturiana" (en ésta hay que incluir a Sergio que por afinidad se puede considerar triastur je,je) apoyándonos y dándonos ánimos y sobre todo, compañía. El día pasa rápido a pesar del calor (brutal con valores entorno a los 38º) y cumplimos con los trámites de los dorsales, charla técnica, traslado de material a las dos transiciones y cena pizzera.

El Domingo como siempre en estos casos, toca madrugar mucho y antes de las 5 de la mañana ya nos activamos. Desayuno en la habitación y junto a Jose y Sergio (con los que compartimos pensión) nos vamos a buscar el autobus que nos llevará a la salida. Hay tensión pero también ganas y, aunque echando la vista atrás no encuentro aquí motivo para lo que luego pasó, supongo que no conseguí la visualización de las distintas fases de la carrera, ni en ningún momento me preparé para el sufrimiento que casi ineludiblemente implica terminar un ironman.

El ambiente en la salida es bueno, la masificación no me gusta nada, pero reconozco que todo fue muy organizado y sin problemas dejamos las cosas preparadas. Sergio está justo al lado mío en el box, con lo que todo este proceso de repasar lo que dejamos en la bici lo hacemos juntos. La bolsa con la ropa la dejamos en unos percheros a la entrada del box.

Con todo listo, salimos de la zona de boxes a esperar la salida.

Hay una densa niebla que hace que apenas veamos el lago. Reconozco que en ningún momento pensé que eso nos podría impedir salir, aunque es de lógica que sin ver apenas 5 o 10 metros, la natación no iba a ser muy divertida. Por este motivo, la organización va retrasando la salida esperando que la niebla se levante. Cuando lo hace, ya ha pasado más de media hora y tras salir las chicas nosotros lo hacemos con unos 40 minutos de retraso sobre lo previsto.

De nuevo, me doy cuenta que el hastío que tenía en ese momento (con el neopreno puesto casi me duermo tumbado en la hierba) no era el estado ideal para afrontar un ironman. Otra lección que he aprendido y que a buen seguro me servirá en el futuro.

Justo cuando nos acercamos a la entrada de la zona de salida, veo por fin a Milín. He dado un par de paseos buscándolo durante este tiempo, pero no había forma. Al final nos vemos. Me da un abrazo que se me queda grabado. Es un abrazo de liberación de tensión y noto como el hecho de caminar juntos hacia el agua le alivia un poco.

Yo aquí si creo que voy "normal". Estoy con Sergio y Milín y voy a la salida emocionado y con ganas. De hecho, nos ponemos más adelante que nunca y no tengo intención de recular. Se que en la natación estoy fuerte y ahí vamos a demostrarlo.

Ultimos aplausos, últimos abrazos (tan especial el de Milín como el de Sergio)...y al agua.

Mi natación la podría describir como un disfrute absoluto. Nado más limpio que nunca, apenas algún roce que otro, paso todas las boyas tan cerca que podría tocarlas con la mano y mi ritmo es bueno.

Hago la primera vuelta cómodo y con la sensación de ir muy fino. Tanto es así que a la salida a tierra miro el crono y alucino, me marca 1970m y 34 minutos (este tiempo mejora mi marca en half, sencillamente increíble).

En el trote por la playa me da tiempo a localizar a Leti y a Maite y a saludarlas con el pulgar arriba, voy eufórico y dispuesto a disfrutar. Entro en el agua de nuevo bromeando con los que llevo al lado y hago la segunda vuelta muy relajado (tal vez en exceso), viendo como el sol va derrotando a la niebla (en ese momento recuerdo que pensé en el maldito calor que nos esperaba y que ojalá me dejaran dar una tercera vuelta).

Voy incluso cantando bajo el agua, sonriendo y disfrutando como nunca. La verdad es que nada presagiaba el final de ese día.

Salgo del agua entre un montón de gente y con muchos aún por detrás. Paro el crono en 1:12, mejorando mi previsión de 1:15 y con inmejorables sensaciones. Me voy hacia la T1, cojo la bolsa, me quito el neopreno y aprovecho para ir al baño.

En la transición me permito el lujo de bailar mientras me pongo el casco, los guantes y todo lo demás. No recuerdo la canción que sonaba, pero si que yo bailaba y disfrutaba del momento.

Cojo la bici y en el pasillo de salida, veo a Leti y le digo que mande mensaje a Toni y a Bau y que les diga que nadé a 1:52 el 100. Estoy muy contento con ese ritmo y quiero que se lo haga saber.

Subo en la bici y arranco con ganas los 180Km. Antes el primer kilómetro, uno que va delante hace un extraño (no se muy bien por qué) y veo que deriva hacia la derecha, se cae en una profunda cuneta y sale volando por delante de la bici. Paro un poco y cuando veo que se levanta, continuo. Un aviso más de que aquí hay que estar con todos los sentidos.

Los kilómetros van pasando y me encuentro bien. El circuito es muy muy llano, aunque hay un par de repechos duros y un pequeño puertecillo sin mucha dificultad. En la primera vuelta, previamente a este puertecillo, hay otro repecho corto y duro.

Llego al puerto (una subida que no debe llegar a los dos kilómetros) y lo subo cómodo con el plato pequeño y bastante cadencia. Al llegar arriba, tiro del desviador y oh oh...no sube. Empiezo a decir en voz alta "ostia no!!, no, no, no...". Me alcanza un compañero que me pregunta que me pasa, "no me sube el plato grande!!" (al decir esto soy consciente de que de ser así, se acabó el iron para mí, este circuito no se puede hacer en plato pequeño....). Le digo que mire a ver si está el cable abajo, pensando que se habrá roto. Me dice que si, que lo ve normal y entonces con la mano derecha, tiro de la maneta como un burro y con un "crack" el desviador sube y engrana el plato.

De mano, me siento aliviado...pero un poco más adelante, compruebo que la maneta se ha roto y que me he quedado sin posibilidad de usar el plato pequeño. Bueno!, son pocas las subidas y teniendo un 30 atrás, será cuestión de apretar el culo.

Al poco paso por la salida y allí están Maite y Leti. Me paro un rato y les cuento lo del cambio con resignación. Me animan (incluso un guardia civil que me oye contarlo) y sigo para adelante. No he llegado aún al kilómetro 50.

En el repecho, me mentalizo a sufrir y lo hago. Con un par de riñonadas y el ánimo del chico que estaba conmigo cuando rompió, llego arriba y sigo.

Kilómetro tras kilómetro sigo avanzando con buenas sensaciones. Comiendo plátanos en los avituallamientos y bebiendo sin parar. El calor empieza a notarse y el agua se calienta muy rápido.

Llego al kilómetro 90 en 2:55. Recuerdo que no iba muy pendiente del crono, pero en ese momento vi que iba por encima de los 30Km/h y eso me animó muchísimo. Paré a desbeber y estando parado vi pasar a Milín y lo saludé. Me sacaba un buen cacho y se le veía fino. Este año nos hemos apoyado de nuevo bastante y los dos llegábamos a este tri con "ganas de quitarlo del medio de una vez".

En la vuelta de un tramo de ida y vuelta, me cruzo con Beni, Sergio y Héctor. Los saludo y animo a todos.

Más kilómetros y a partir del 120 me animo y me llamo mentalmente "máquina" "crack" "fenómeno". Soy consciente de que en esta temporada me he quedado corto de bici. He hecho muchos kilómetros pero mi tirada más larga se quedó en 117Km, demasiado lejos de los 180 que tengo que hacer hoy.

En el tramo final de la bici, paso de todo. Momentos eufóricos como cuando le pedí a una chica con una manguera que me regara de arriba a abajo, momentos de emoción al darles las gracias por los ánimos a unos niños, a los voluntarios o incluso a la guardia civil de los cruces, y de bajón cuando en un tramo el viento no nos permitía avanzar y el calor hacía que se oliera el alquitrán derretido del asfalto.

El tramo final (calculo que los últimos 30Km) se me hacen muy duros. Me ha pasado Beni que va como un tiro y después Héctor que me anima. No me duele la espalda, lo que es increíble, pero voy agarrotado, dolorido en general y un poco desmotivado. Ya no me gusta el paisaje, es más, odio el paisaje de la general de entrada a Vitoria. Es una carretera incómoda, con suaves vaivenes que me hacen desesperar.

En ese momento, pienso en abandonar. Ahí si tengo lucha mental y si que me planteo que "hoy no es el día". Si que pienso que ya he hecho mucho, he nadado fenomenal y llevo 160Km de bici y un fiera como Héctor acaba de pasarme. No lo estoy haciendo nada mal, pero estoy cansado, cocido y sin ganas.

Es ese momento en el que piensas "bueno! ¿qué vas a pararte aquí?". Así que mientras piensas en negativo, sigues pedaleando y avanzando.

Entrada de Vitoria y cartel de "T2". Este infierno se acaba. En ese momento recuerdo perfectamente mirar el reloj y hacer cálculos. Voy dentro de mis tiempos y empezaré a correr bastante por debajo de las 8 horas totales lo que es muy bueno (repasados los datos del reloj, concretamente empecé a correr tras 7h y 48 minutos, es decir iba mejorando mi tiempo de As Pontes y allí dediqué casi 5 horas a acabar la maratón final).

Trabajo muy duro la mente. Borro de mi cabeza la palabra "maratón" e incluso "42 kilómetros". Me mentalizo para correr despacio, para avanzar y para acabar.

Dejo la bici y veo a Leti y a Maite. Le digo a Maite que Sergio viene unos 8/10 minutos detrás. Le he situado en nuestro último cruce y como se que ella se preocupa, le digo que tranquila que viene bien.
A Leti le digo una frase que luego no pude mantener "acabo de sufrir como un perro, pero lo voy a hacer". Me pide una foto, y le digo que no estoy de humor..."para tu hermano!!!", siendo para ése ¿cómo negarme?, sonrío y poso para una foto que luego sirvió para animarme y mucho.

En la transición coincido con Héctor y hablamos un poco. Me dice que viene muy jodido de piernas, yo le hablo del infierno del calor y poco después que él, salgo a correr.

Voy tranquilo y despacio, mi intención es mantener un ritmo en torno a 6 minutos el kilómetro. Evalúo el estado de mis piernas y las noto bien. Estoy cansado pero voy bien y el pulso está en valores muy buenos.

Paro en el primer avituallamiento, me untan de crema para el sol, bebo, tomo una pastilla de sales, y sigo.

Un par de kilómetros más adelante, en una recta me paro (no recuerdo pensar, solo me paro). Levanto la cabeza y veo el avituallamiento a 100m. Vuelvo a correr y llego a él. Mojo la cabeza en una de las piscinas, tomo un par de vasos de agua y me alejo caminando.

Me pasa un chaval y me dice "venga! vamos otro poco!". De repente, le digo "no! hoy va a ser que no!!". Paro el crono, sigo caminando y en una curva me salgo del circuito.

Acabo de abandonar un ironman y ni siquiera hoy, más de un mes después, soy capaz de adivinar el por qué. He revisado el pulso y en ese apenas minuto que caminé bajo muy por debajo de mi ritmo aeróbico (recuperé más de 40 pulsaciones de un ritmo que ya ni era alto). Ni siquiera me paré, me senté....nada!!. Seguí caminado al menos un par de kilómetros hasta la meta buscando a Leti.

¿Por qué no me mantuve caminando en el circuito?
¿Por qué no me di una oportunidad de "discutir"?
¿Por qué no pensé que viniendo Sergio por detrás podía esperarle mientras caminaba y tal vez con sus seguros ánimos y compañía podría recuperar?
¿Por qué no puse en valor una meta que solo los que la hemos cruzado alguna vez sabemos lo que vale?

Son muchas preguntas que sin duda se quedarán sin respuesta. Simplemente tomé una decisión (aunque de manera muy inconsciente) y punto.

Ya no hay margen para el "y si?". Como bien dice mi amigo Nico, esto es un juego y desde luego hay que darle la importancia que tiene. Lo bueno de esto es que realmente, a día de hoy, echo de menos esa camiseta de finisher, echo de menos ese beso emocionado en meta a Leti, echo de menos esa sonrisa bobalicona que se te queda cuando derrengado tras 12 o 13 o 14 horas de esfuerzo cruzas una meta y echo de menos el poder decir "si, si, este año he hecho otro ironman!".

Me gusta el triatlón, me gusta la larga distancia y me gusta el ironman. Tiene algo distinto, algo épico y algo de "sobrehumano" que quiero volver a saborear.

Soy muy consciente de que mi trabajo me lo va a poner más difícil y que si quiero repetir, tengo que poner toda la ilusión del mundo en ello y desterrar el "es normal, así no se puede". Tal vez no pueda llegar a un sub12, tal vez no pueda meter la maratón en cuatro horas o bajar la bici de 6, pero eso hace un par de años no me importaba, y era muy feliz!.

Era muy feliz entrando en meta el último habiendo disfrutado sufriendo y esa es mi esencia, la superación. Aún quedan retos, y no fáciles, este año. Después de nadar por primera vez 5.000m en Navia volví a recordar esa sonrisa bobalicona, esa euforia de "reto superado" sin importar el puesto logrado.

Vamos a por el Desafío Islas Cíes con la ilusión de hace cinco años años, vamos a disfrutar!. ¿2017?, ver veremos, pero no engaño a nadie...cuenta atrás para otro 226.


SIN DUDA.....HASTA LA PROOOOXIMAAAAAAA......

 

sábado, 2 de julio de 2016

LA DE LOS NUMEROS

Para aquellos que pensaban que con esto de lío del trabajo, la falta de tiempo, la acumulación de tareas, etc. no iban a tener que aguantar la "parte estadística" de la preparación de este extraño ironman, tengo malas noticias.
 
Aún reconociendo que la falta de tiempo es sangrante, he podido sacar unos minutejos para tirar de histórico del Movescount, y sacar los datos de estos últimos 9 meses.
 
La verdad es que lo hice con cierto miedo, ya que el hecho de no estar centrado como otros años en el reto deportivo (por motivos que conocéis y que son de peso), me hacía pensar que las cifras serían mucho peores que las de los últimos años.
 
A eso se unía el último mensaje de Pedro, en el que como siempre, trataba de animarme y centrarme. Para ello, y tal vez pensando como yo que este año había sido diferente, me decía "si has hecho el 80% de lo marcado, vas sobradamente preparado".
 
Tras este mensaje, entré en la carpeta "IRONMAN VITORIA" y uno a uno, fui abriendo los excell de los 10 ciclos que han constituido esta preparación.
 
Diez ciclos, cuatro semanas por ciclo, siete días por semana. En total 280 días de férrea disciplina que, como cada año, he ido marcando en verde cuando era capaz de cumplirlo, en amarillo cuando por un motivo u otro consideraba que "no lo había hecho al 100%" y rojo para aquellos días en los que no había hecho el entreno marcado.
 
La sorpresa viene cuando veo muy pocos amarillos y...tan solo diez días marcados en rojo!!. De estos, tres días enfermo, dos de viajes y horarios imposibles y tan solo cinco en los que realmente me dije "no puedo/no quiero".
 
Es decir, DIEZ fallos en DOSCIENTOS OCHENTA días...sin duda, un poco más que el 80% con el que iría según el míster, sobradamente preparado.
 
Con el ánimo arriba por este dato me voy a los de Movescount y siguen llegando las buenas noticias.
 
He estado entrenando un total de más de 310 horas, las mismas que el año pasado. Si vamos a los datos por sectores, los datos son igualmente positivos.
 
NATACION: Un total de 126Km nadados en 63 horas. Son 20Km más que para el ironman o para AlpedHuez. Realmente una cifra impresionante, y más si tenemos en cuenta que muchísimos de esos metros los he disfrutado en los mediodías junto a los compañeros del grupo máster del Multideportes. La flexibilidad de Toni para adaptarse a mi forma de entrenar, ha sido clave. Digo esto, porque entrenar al mediodía tras cuatro o cinco horas de trabajo, y sabiendo que aún queda otro tanto de tarde, no es fácil. Necesito en esa hora, relajarme, desconectar y disfrutar...y eso no siempre es sencillo.
Mención y motivación aparte, suponen las comidas con Javi tras los entrenamientos. Esos pinchos rápidos han sido sin duda algo muy destacable este año. Buenas conversaciones con alguien muy afín a mí y con el que da gusto charlar.
No puedo dejar de mencionar los últimos entrenos de viernes en el mar (imprescindibles para probar el neopreno y adaptarse al cambio sobre la piscina). El acompañar esos entrenos (su mayoría) con la posterior cervecita con Alicia, ha sido también "un descubrimiento" de este año. Cuando un Viernes de tarde, tras una semana complicada, uno tiene que cambiarse e ir hasta Candás (varios días lloviendo) es importante tener alguna motivación extra, más allá que la de meterse en el frío mar a nadar.
 
BICICLETA: Aquí si que mis sensaciones eran las de haber hecho muchos menos kilómetros y el resultado es clavado al de 2014 en la preparación para As Pontes. 2.500 Km rodando en un total de 105h, cierto que hice algo menos de rodillo, pero son cifras para estar realmente muy contento (el año pasado fueron 1.750km). Sigo pensando que la bici es la clave del ironman y, si la hernia me respeta como parece que va a hacer, debería ser un sector para disfrutar.
 
CARRERA: Único punto en el que las cifras bajan respecto a 2014, pero igualan las de 2015. Un total de 1000Km en 90 horas (300km menos que el año del ironman). La verdad es que si tengo en cuenta que este año he sido capaz de correr un 10.000 por debajo de 45 minutos, he pulverizado mi tiempo de media maratón y, por supuesto, he sido capaz de hacer "con comodidad" una maratón en un tiempo brutal para mí, pues la verdad es que considero los deberes perfectamente cumplidos.
 
Tras ver estos números, y considerar las sensaciones de los últimos entrenos, creo que estoy de acuerdo con mi hermano cuando dice que "estas un 120% más fuerte que pa As Pontes". No hay duda que el entrenamiento acumulado de cuatro años va dando fondo, que la racionalización de los entrenos funciona y que, ahora mismo, el ver que he sido capaz de sacar todo esto adelante y a la vez ir asentándome en el tremendo reto profesional que tengo encima...¿qué queréis que os diga??..¡¡ESTOY ARRIBA!!
 
De todos modos, un ironman es un ironman y hay un montón de cosas que no dependen de uno y que pueden fastidiarte un día. No estoy nervioso, ni siquiera tenso aún (cómo siempre algo llegará), la experiencia es un grado y haber aprendido a racionalizar todo esto, sin duda me favorece.
 
Vamos a ir a Vitoria con ganas de disfrutar, de demostrar que estos números valen para algo y tratar de hacerlo lo mejor posible.
 
Siempre me mojo con las previsones en el blog, pero este año es cierto que me da un poco de apuro, porque mis previsiones, de hacerse realidad, me dejarían asustado.
 
De todos modos, venga!, que queden escritas. El objetivo más optimista estaría en hacer "y cuarto" en las tres disciplinas, es decir, nadar en "hora y cuarto", hacer la bici en "seis horas y cuarto" y correr la maratón en "cuatro horas y cuarto". Calculadora en mano y diez minutos de transiciones...estaríamos en el "SUB-12" que para alguien como yo, sería una auténtica pasada.
 
Llevándolo al terreno objetivo y puro de datos, se podría hacer.
Creo que puedo nadar a 1:50 el 100 y eso estando bien medida y sin muchos rodeos, me daría margen suficiente para, en esos 75 minutos, salir del agua.
Si la hernia y la postura de la bici me respetan, el perfil me es favorable, con lo que no sería utópico marcar una media de 30km/h y tendría algo de margen para paradas técnicas y de descanso.
La maratón de un ironman, no es una maratón, es una lucha por la supervivencia, un desafío para la mente y un ejercicio impresionante de "fuerza interior". Los datos me dicen que una media global de 6min/km es posible y, por muchos motivos, este año quiero poner TODO lo que tengo en lograr este objetivo concreto.
 
Así y todo, y aunque este post transmita lo contrario, un resultado distinto a éste, me dejaría igualmente satisfecho. A pesar de la mejoría, del progreso, de la fortaleza. A pesar de todo eso, el verdadero éxito está en haber sido capaz de plantarme, una vez más, en la salida de MI RETO habiendo hecho todo lo que estaba en mi mano para estar ahi, en las mejores condiciones para lograrlo.
 
Creo que esta vez, ésta será mi última entrada previa al día D. La semana que viene será una auténtica locura y haré filigranas para descansar, alimentarme bien, relajarme y disfrutar de los últimos días.
 
Por esto, como siempre, GRACIAS a los que de un modo u otro me habéis soportado estos nueve largos meses. Gracias por leerme, por escucharme, por animarme en mis bajones, por soportarme en mis momentos de subidón, por aceptar mis "no puedo", por entender mis "me salgo", en definitiva por ESTAR.
 
Sabéis quien sois, básicamente porque a todos os lo he dicho, vamos a por un gran reto y vamos a tratar de disfrutarlo.
 
 

Esta foto de hoy mismo, para mi es la esencia...DISFRUTAR!!!